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Y también las hay supersticiones numéricas, como en el caso de Edria Petro y Howard Tahoe, quienes consideran el número uno y el número diez como números de mala suerte; o Berry Johnston quien cree que el número seis está maldito.

Y la superstición y las aves de mal agüero no sólo tocan a los objetos y a los números, sino incluso a los jugadores mismos. Barbara Enright, por ejemplo, no puede jugar cuando está presente Max “el gato negro” Shapiro, y por azares del destino, Max siente que no puede jugar cuando Barbara está cerca de él.

¿Será una cuestión de suerte o habrá una historia más allá de ello? Hay algunas manías supersticiosas mucho más sencillas, como la que tiene Allen Cunningham, quien sólo reacomoda el orden de sus fichas para “cambiar su suerte”.

Y si de fichas de suerte se trata, ¿qué ficha puede traer más suerte que una que ha sido usada por el mismísimo Frank Sinatra? Stevie Del Borrell toca su ficha que fue usada por Frank Sinatra cada vez que quiere hacer un llamado a la suerte. Y debemos admitir que de todas las supersticiones, está probablemente puede ser la más glamurosa.

Lo cierto es que en una actividad como las apuestas, donde la suerte siempre hace acto de presencia, es inevitable querer influir en el resultado final. Así que no nos debe extrañar el comportamiento de los apostadores; después de todo, ¿a quién no le gusta pensar que puede influir sobre un resultado?


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Y claro, si la suerte no te ayuda a ti, lo que vas a querer hacer es ayudar tú a la suerte para que la suerte de ayude a ti.

Básicamente así podríamos definir también a la suerte. ¿Qué hace que una persona se incline hacia una superstición? Bueno, la respuesta depende del tipo de superstición a la que esté recurriendo esa persona en específico.

Pensemos que el zodíaco, por ejemplo, es un tipo muy común de superstición; y las personas que recurren a él, lo hacen porque están tratando de prevenir o de pre visualizar una situación con la mayor antelación posible.

De la misma familia podrían destacarse la quiromancia y la cartomancia; y aunque con la quiromancia se usen las manos y con la cartomancia las cartas, este tipo de supersticiones preventivas no suelen darse tanto en el mundo de los apostadores, quienes recurren a otro tipo de supersticiones.

No encontrarás tampoco el pensamiento mágico de los astros o las fuerzas espirituales en los apostadores –a menos que te topes con alguno que sea en extremo extraño -; porque todos sabemos que las supersticiones favoritas de los que juegan son los amuletos, los ritos y el mal agüero.

Las patas de conejo, las herraduras, tocar madera, son algunas de las supersticiones más socorridas por apostadores de las más diversas disciplinas. Lo importante de manejar la superstición, es que esta no interfiera con tu forma de juego, así que mejor tocar madera para que esto no ocurra.


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¿Quién necesita de la superstición cuando se tiene habilidad? Bueno, los profesionales, por ejemplo. ¿Nunca notaste que Tiger Woods siempre viste algo rojo en su camiseta a la hora de jugar la final de un torneo? Y por los resultados que arroja su juego, algo le debe funcionar ese color. Algo de suerte podría traernos jugar golf vestidos en rojo; al menos nos ubicarían más fácil dentro del campo.

Pero si una particularidad tiene la superstición, es que no todas pueden ser llevadas a todos los campos. Así que antes que te vistas todo en rojo para ir a jugar una mesa de Hold’em, te invito a que demos una pequeña vuelta por el mundo del pensamiento mágico.

La superstición es definida por la Academia Española, cómo una creencia extraña a la fe religiosa y contraria a la razón. Esta creencia deposita en el supersticioso el ánimo para pensar que puede modificar su suerte o su destino. Y si tuviéramos que ver en la línea de la historia, nos daríamos cuenta que la superstición ha acompañado al hombre desde siempre.

Ya los romanos y los griegos eran conocidos por su gran lista de supersticiones. Y no es de extrañar que el origen etimológico de la palabra nazca con ellos; y que la palabra provenga del latín super-stare; que significa “permanecer sobre”, figurativamente para los romanos: sobrevivir o ser el testigo.