
Cuando mencionamos a grandes personalidades de la historia, generalmente nos referimos a sus inventos, descubrimientos, aportes a la humanidad, textos más destacados, pero no conocemos lo que hacían en su vida cotidiana, sus gustos, las actividades que desempeñaban día a día o los detalles de su rutina.
Tal es el caso de Charles Darwin, un naturalista inglés que postuló que todas las especies de seres vivos evolucionaron mediante un proceso denominado selección natural. Sus descubrimientos científicos siguen siendo el acta fundacional de la biología como ciencia, ya que logró constituir una explicación lógica que unifica las observaciones sobre la diversidad de la vida.
No mucha gente conoce que era fanático del blackgammon, el juego de mesa más antiguo del que se tiene registro. Una afición que adquirió luego de regresar de Sudamérica, cuando resultó afectado por una extraña dolencia que le imposibilitó volver a salir de Inglaterra, donde falleció el 12 de abril de 1882.
Darwin toma como esposa a su prima, Emma Wedgwood, con la que jugaba al backgammon cada noche, y tenía un cuaderno donde guardaba los resultados de cada velada.
No cabe duda de que la pasión por los juegos de azar ha estado acompañándonos desde que tenemos la capacidad de razonar, y aplicar probabilidades, como en el juego, a cada detalle de la cotidianidad.
