En el caso particular del poker Texas Hold’em, se debe considerar que sólo se tienen en la mano un par de cartas y que éstas se deben combinar con hasta otras 5 que forman parte de la mesa y son comunitarias. Esto a veces puede resultar una trampa mortal.
Supongamos que tiene dos J en las manos. Muy bien, un par, no es mal juego. A medida que se desarrolla el juego, sobre la mesa aparecen 3, 8, 10 de distinto palo. Entonces, el par de J es el juego más grande posible.
Cuando se descubre la cuarta carta resulta un 2 y no es de ningún palo de los que están en la mesa. ¡Perfecto! Sigue ganando. Al momento se descubre la quinta y ultima carta: una J. ¡Grandioso! ¡Tremendo! Pierna de J. Ya es imposible que le ganen (si no le ganaban con el par de J, mucho menos con la pierna). Decide apostar todo su dinero y… pierde todo. ¿Qué sucedió?
En la alegría de ver la última J que formaba la pierna no se fijó en el hecho de que su juego ganador se había convertido en un posible juego perdedor, ya que otro jugador tenía en sus manos un 7 y un 9 que, gracias a la J, lo condenó. Su jugador rival formó una preciosa escalera 7, 8, 9, 10, J y le ganó a su pierna.
Es por eso que resulta tan importante analizar el juego una y otra vez, carta a carta. Si el transcurso de la partida continúa, hasta la última carta todo puede cambiar.
