
El Caribbean Stud tiene más en común con el Blackjack de lo que tiene en común con el póker. Sin embargo, el valor de las manos realizadas se calcula en la misma forma en la que se calculan las manos del Póker. Esto quiere decir que si estamos familiarizados con las manos del póker, entonces también nos encontramos familiarizados con la forma en que se organizan las manos en el Caribbean Stud.
Debido a la similitud que esta modalidad tiene con el Blackjack, algunos serios jugadores de póker no consideran al Caribbean Stud como una variante de este juego. El punto es que, a diferencia del póker, los jugadores juegan contra la casa y no unos contra otros, por lo que no se involucra ningún tipo de blufeo. Para los jugadores de póker esto significa que el juego se basa en el puro azar y que cualquier tipo de habilidad ha sido dejada de lado.
Finalmente, hay que señalar que es precisamente debido a que el juego del Caribbean Stud se basa en el azar antes que en las habilidades del jugador, es más difícil ganar.
El juego comienza cuando los jugadores depositan su “ante”. Luego, el dealer reparte cinco cartas a los jugadores, todas tapadas. Luego, el dealer se reparte su propia mano, también en forma tapada. A continuación, el dealer descubre la última carta de los jugadores e indica que es el momento de elegir si jugar o retirarse.
Luego, los jugadores pueden mirar sus cartas. Aún cuando sólo estén jugando contra el dealer, no se le permite a los jugadores ver las cartas del resto de los integrantes de la mesa ni conversar entre ellos. El jugador que desea permanecer en el juego con sus cartas debe doblar la apuesta realizada en el “ante”. Por último el dealer descubre sus cartas. Para poder jugar, debe tener como mínimo una combinación de As y Rey. Si un jugador le gana al dealer recibe un determinado monto de ganancias de acuerdo a la mano que haya obtenido.

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