
Cuando uno deja de ser un aficionado para convertirse en un jugador profesional o de oficio, sabe que las habilidades son una herramienta fundamental para conseguir los objetivos propuestos. Pero también hay una realidad que todos conocemos que es la trampa.
Sin dudas, que cuando uno se vuelve un profesional, independientemente de la actividad que desarrolle, sabe que hay una máxima que nada la supera: la ética profesional.
Cuando uno convierte su oficio en algo profesional, es porque se lo toma en serio, con dedicación y mucha tenacidad para hacer de ese oficio algo realmente digno, con profesionalismo.
Es por eso, que la ética es un factor muy importante para que uno se vuelva mejor en lo que haga.
En el caso del juego, sabemos que es la habilidad y no la suerte la que engrosará nuestras arcas y por eso ha de tener uno mucho cuidado cuando se mete en este tema de lleno, porque la tentación a pasar al “lado oscuro” (dirían en la Guerra de las Galaxias), será grande.
Pero un jugador debe entender que si quiere ser un profesional del juego es la ética ante todo, lo que lo convertirá en tal cosa.
La habilidad por supuesto que hay que desarrollarla, como al igual que la confianza y muchas otras aptitudes más, pero dependerá de cada jugador, si su habilidad será usada para el bien o para el mal.
Pero como en la vida misma, es el bien y no el mal el que triunfa al finalizar el juego.
Así que recuerden que la ética es la regla número uno para ser un verdadero jugador profesional.
